Por Jessica Dávila
Instructora de Tribal Belly Dance en Mua Infinita

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Mi incursión a la danza fue sumamente inesperada, a los 16 años comencé practicando danza prehispánica y africana con una dificultad tremenda, pues parecía ser la perfecta ejemplificación del dicho “dos pies izquierdos”, sin embargo me plantee en el reto y poco a poco conseguí controlar mi cuerpo.

Después de un tiempo practicando estos estilos me encontré con la danza del vientre (belly dance); debo confesar que nunca antes me había sentido atraída por este estilo de baile, me sentía desconectada de mi feminidad y los movimientos de caderas, no obstante el estilo tribal (tribal belly dance) me atrajo brutalmente debido a su carácter fuerte, grupal, enigmático e improvisado.

Con el tiempo esta danza me ha brindado grandes riquezas: he fortalecido mi cuerpo, mejorado la conexión conmigo misma, mi feminidad e indudablemente la posibilidad de compartir experiencias con otras mujeres de carne y hueso como yo.