Por Victoria Zairick de Espina

Ser mujer no es una consecuencia de sólo tiempo y espacio, no fue sólo la suerte de un esperma X que tomó la decisión de mi sexualidad.

Ser mujer ha sido el mayor regalo de la vida, ya que me ha dejado ser “la mejor amiga”, “hermana”, “vecina”, “cuñada”, “hija” de alguien, me ha permitido complementarme con mi compañero de vida aunque yo ya estoy completa, tengo la fortaleza, la ternura y la visión de emprender los proyectos familiares, profesionales y personales que decida.

Ser mujer significa tener una gran responsabilidad ante mi esposo de ser la mejor mujer que sea capaz de ser. Ser mujer me ha enseñado  que puedes caerte muchas veces pero el valor está en levantarse y saber qué aprendiste en cada desplome, ser mujer me  ha enseñado que lo que dejes de hacer o decidas hacer hará un cambio en el mundo considerable, por más pequeño que se vea. Ser mujer me ha enseñado que el mundo requiere de personas valientes, que enfrenten y hablen fuerte, con un corazón revolucionario y lleno de buenos deseos para que el cuerpo actúe. Pensar en el otro antes que en ti y desde cualquier perspectiva buscar y hallar el bien común.

Quiero levantar a todas las mujeres que creen en un mundo mejor, en un mundo donde el amor es la base de toda relación: familias con matrimonios unidos, solteros felices de su vocación, sacerdotes enamorados de la misa, creyentes enamorados de su religión, que todos amemos lo que somos, quienes somos, lo que tenemos y lo que hacemos. Mujeres que amen a los hombres y vean en ellos una perfecta creación, igual a nosotras, completa y que nos complementa.

Ser mujer implica expresar aquello para lo que hemos sido creadas: amar y hacer las cosas con pasión, y así lograr la trascendencia personal, familiar y social.

No quiero ser sólo una mujer, decido ser una gran mujer.